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Nos inspiramos en las danzas gitanas. Celebramos y fundimos vocabularios procedentes de danzas nómadas rusas, rumanas, húngaras, hindúes o del flamenco, según nos plazca…

¿Pero, qué es la danza gitana?

Hay quien diga que la danza gitana no existe, sino gitanos que danzan… a lo largo de los tiempos, el pueblo gitano, o más correctamente, romaní, viajó por innumerables países, absorbiendo y transformando la música y la danza de las culturas por donde pasaba y, a veces, se establecía.

Sus danzas tienen origen en la India, país del cual proceden (consultar: orígenes del pueblo romaní), habiéndose fundido con las del folclore de los países en donde intentaban establecerse.

Pero, a pesar de toda esta diversidad, alguna cosa en común ha prevalecido…

La danza, para el pueblo romaní, representa no solamente su cultura e historia, sino también una forma de expresión bastante individualista. Este poder emotivo viene del artista que se abandona a su arte, imprimiéndole vida. Ese abandono es lo que llamaríamos «duende». La danza y la música gitanas constituyen no sólo un modo de vida en el sentido literal del término , sino también un camino. Constituyen una vía a través de la cual la propia esencia de la existencia puede ser expresada.

La danza representa también libertad – libertad de expresión personal y espiritual, el único tipo de libertad posible para un pueblo oprimido.

Podríamos así decir que no existe una Danza Gitana, sino una Forma Gitana de bailar. Existirán tantas danzas gitanas como países por donde este pueblo haya pasado y sigue pasando…

Es a partir de esa riqueza que se inicia nuestro viaje a lo íntimo del duende, en pleno auto-descubrimiento y transformación, en un método de libertad, rigor y virtud. La

Danza, tal y como la bailan los gitanos, es , de hecho, una forma de vivir el presente, transformando, absorbiendo y reciclando el dolor, el sufrimiento y la nostalgia o la melancolía, en alegría y fiesta, en generosidad y jovialidad, superando todas las barreras en una oda a la vida. A nuestra danza llamamos el Gypsy Duende...

 

 

 

 

 

 

 

«El hombre que no sepa, de vez en cuando, salir de sí mismo, es tan lamentable como un prisionero en un calabozo».

Alexandre Vassiliévitch

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Foto extraída de vídeo de Alexandra Afonso