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Descubriendo la identidad a través del arte

Fragmentos del libro «Los Cíngaros de Hungría y sus músicas» de Patrick Williams (Título original: Les Tsiganes de Hongrie et leurs musiques)

Traducción al español de Pablo Miranda Akal Ediciones  

 

¿Qué entendemos por música cíngara húngara? ¿Qué coyuntura permitió que en el territorio magiar los músicos cíngaros se «apropiaran» de tal modo del repertorio musical húngaro al punto de hablarse de una osmosis entre la música nacional húngara y la música cíngara, y en última instancia entre la identidad húngara y la identidad cíngara? ¿Qué elementos caracterizan esta música que conoció su apogeo en los siglos XVIII y XIX y que sigue hechizando al mundo entero?

He aquí algunos fragmentos de un libro que es fundamental para comprender la cuestión de la identidad cíngara, no sólo en la música, sino también en otras expresiones como el canto o la danza (a la que podríamos transponer bastantes elementos del análisis hecho por el autor), e incluso, en el mundo.

 

«Cada vez que queremos atrapar al cíngaro, se nos queda outra cosa entre las manos. (…)» (pág.63)

 

«Improvisar es saber responder a toda circunstancia imprevista, es saber salvar toda situación y cambiarla en su beneficio. La improvisación se ríe de los dictados de la partitura. (…)». (pág.32)

«(…). Los violinistas cíngaros hacen alarde de una verdadera pasión por la violencia del contraste; hacen del lento una desesperanza y del rápido un frenesí. El paso de un registro a otro parece querer decir que ningún sentimiento, por profundo que sea, está hecho para durar. La música no se instala. Si bien en una misma pieza, el orden lento-rápido es inmutable, en el curso de un concierto o de una interpretación en un mesón, la sucesión de los diferentes fragmentos produce un efecto circular: tristeza-alegría, después de nuevo tristeza, después alegría, luego tristeza, luego alegría, luego… como si no tuviera nunca fin. Es el mismo efecto que buscan las orquestas cuando encadenan sin interrupción un título tras otro en estos pot-pourris que tanto les gustan. Nada puede parar el movimiento de la música, se desliza inasequible entre todos los sentimientos. (…)». (pág.33)

(...)

«Baudelaire escribe: “Estos cíngaros dan deseo a veces de bailar, a veces de llorar, o de hacer las dos a la vez”». (pág.43)

(…)

«¿La verdad de una obra musical está totalmente contenida en la letra inerte de la partitura? (…)

Los músicos cíngaros proclaman […] que la vida está del lado de los intérpretes . Interpretar es aportar movimiento donde reinaba la inmovilidad. Y no hay verdad de la obra fuera del momento presente , el momento en que se toca. Bihari, Zombi, Balog, Baláz… no son admirados por las partituras que han dejado, sino por sus interpretaciones. Sólo queda el recuerdo maravillado de los contemporáneos –que, por otra parte, cuesta trabajo transmitir- No importa, está en la naturaleza de la música. ¿La interpretación transfigura? No, sólo da a la música, devoradora del tiempo, su verdadero rostro.

Interpretar, para el estudio de los textos, es volver luminoso lo que antes estaba oscuro, liberar el sentido profundo, escondido. En las imágenes, los cíngaros son videntes “amantes del secreto de la cosas”… Revelar, en el interior de un territorio musical, un horizonte que nadie antes había visto, es quizás el privilegio de los músicos que no hacen más que pasar, de los músicos que no están encasillados.» (pág.51)

(…)

«Es precisamente este vínculo establecido como “naturalmente” entre autenticidad y origen (e implícitamente entre autenticidad y valor estético) el que nos parece que desvirtúa todo el debate sobre la música de los cíngaros de Hungría. Por qué la verdad de la música cíngara no está en el campo? Porque la verdad de la música cíngara no está en el origen -porque la verdad de los cíngaros no están en el origen: no son indios (1).

El desarraigo, el ser errantes y la mirada puesta sobre ellos por las poblaciones encontradas son los que han hecho a los cíngaros. (…) la construcción de esta identidad plural que es la identidad cíngara no se ha acabado nunca. Los cíngaros: una diversidad en movimiento. (…) (pág.59)

(…)

La identidad cíngara se afirma en la confrontación con los pueblos visitados, y ningún elemento de la diversidad puede pretender encarnar mejor que otros esta afirmación (aunque todos lo hagan). Ni la noción de origen ni la de identidad son pertinentes para dar cuenta de la identidad cíngara. La memoria de la India se ha perdido. Por supuesto, hay panoplias culturales más o menos ricas, diferencias más o menos marcadas con las poblaciones que constituyen su medio ambiente… Éstos han conservado su lengua, aquéllos la han perdido; éstos cultivan una música específica, aquéllos tocan la música de los Gadjé; éstos practican rituales que sólo ellos conocen, aquéllos actúan aparentemente como todo el mundo a su alrededor; éstos llevan vestidos que inmediatamente los identifican; nada distingue a los otros de los transeúntes con los que se cruzan todos los días…

Sus músicas muestran cómo los cíngaros compensan esta ausencia de zócalo (2) con la fuerza de la afirmación. La intensidad conferida al momento presente ocupa el lugar de la fidelidad al origen. La música cíngara tiene el poder de apoderarse del tiempo. La autenticidad - «autenticidad»: ser plenamente uno mismo- no existe, por otra parte, más que en el momento presente. Los músicos llegan, cogen sus instrumentos: «Aquí estamos», y ¡a ocupar el tiempo y el espacio! No existe nada más. Nada que sería un otra parte, un mas allá.» (pág.61)

(…)

En esta manera de no esperar la verdad más que de los hombres […], en esta afirmación de que todo anclaje no es más que un paso, hay un escándalo para todos los que pretenden inscribir su verdad de manera inmutable en una tierra o una historia. ¡Los cíngaros han elegido el equilibrio en el aire -y el movimiento-! (…)

De toda la música cíngara, es posible decir que es a la vez cíngara y otra cosa. ¿A veces es totalmente otra cosa? Pero la fuerza de la interpretación, ella sola captura la música de los otros. ¿A veces es totalmente cíngara? Si consideramos los elementos que entran en la génesis de una expresión musical, no son nunca totalmente cíngaros , pero si consideramos el resultado –la interpretación- siempre es totalmente cíngara. Música que se apodera del tiempo, pero que el instante consume.» (págs. 62 e 63)

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Bailarines y músicos cíngaros de Hungría, en la imaginería del siglo XIX. Óleo sobre tela, anónimo.